domingo, 28 de septiembre de 2014

Por qué pensar en el bien común y cuidar del planeta es un buen negocio

Vivimos en un mundo muy diferente al de nuestros padres. Las jerarquías se desmoronan y la organización social ahora es en red. Cambian las reglas del juego. Ya no está bien visto abusar de autoridad, maltratar a la Naturaleza, ni en definitiva ser egoísta.
Con algunos de los ponentes y organizadores (Xàbia Idea, Ayuntamiento y Rodando Ecomensajería) de las Jornadas de Emprendedurismo


Vivimos en un mundo en red
Aproximadamente, cada 5 mil y pico años (ya lo decían los Mayas), la humanidad da un salto evolutivo, organizándose socialmente según una estructuración cada vez más compleja, definiendo así diferentes Eras en las que la consciencia colectiva incorpora un aprendizaje nuevo en la forma de interactuar a nivel individual y grupal.

Hace más de 10.500 años, dejamos un estilo de vida nómada gracias al empuje de la mujer, que inventó la agricultura. Nos asentamos en pequeños poblados y nos organizamos en disposición circular, reunidos en torno al fuego. Y a la vez, como la figura bidimensional que es el círculo era como proyectábamos el mundo, cristalizamos inventos y creaciones con esta forma, como la rueda o los monumentos circulares que servían para realizar rituales y ofrendas a los dioses de la naturaleza.
Se trataba de una sociedad que estaba muy en contacto con la naturaleza y cuya organización social era igualitaria matriarcal, definida ésta por la energía femenina (unir, crear y sentir).  La humanidad a lo largo de esta Era aprendió a vivir en comunidad.

Cinco mil y pico años más tarde, esta vez gracias al empuje del hombre, que inició el trueque entre diferentes poblados, la organización bidimensional dejó de ser suficiente para albergar la complejidad cada vez mayor de la sociedad. Empezamos a estructurarnos de forma jerárquica. Creamos las primeras ciudades y pasamos al patriarcado. Como reflejo de la consciencia colectiva, la humanidad empezó a cristalizar pirámides por todo el mundo…

La organización social se definía por la energía masculina (dividir, actuar y pensar), y fue una Era que sirvió para transformar la materia, aunque también para generar división (mente-cuerpo y entre personas) y para que surgieran nuestros miedos sociales, convirtiéndonos en individualistas. Pero también aprendimos a intercambiar objetos, ideas, cultura, arte, etc.

Y ahora, desde no hace mucho, resulta que la organización social tridimensional se está quedando obsoleta, y empezamos a estructurarnos en cuatro dimensiones. En un mundo globalizado es la red, y no los límites de las ciudades, la que nos vertebra y define nuestras relaciones. Y desde hace un tiempo a esta parte hemos empezado a cristalizar redes: internet, redes de distribución de gas, de electricidad, redes de transporte, etc.



Todo comenzó hace algo más de cien años gracias al empuje de la mujer, con las sufragistas que demandaban el voto femenino, después vinieron las trabajadoras en las fábricas que empezaron a elegir su independencia económica frente a la sumisión que exigía la estructura jerárquica familiar, y la píldora anticonceptiva, llevando a la desestructuración de las pirámides más básicas…

Por lo tanto volvemos otra vez a una sociedad igualitaria, definida por la energía femenina de unir, crear y sentir, en la que cambian radicalmente los valores de los más de 5 mil años anteriores –enmarcados en lo que conocemos como Historia-. Vivimos ya en un mundo en el estos vuelven a estar definidos por el contacto con la naturaleza y por la igualdad social, y no por el individualismo.

Hemos comenzado una Era, la Era del Ser, en la que la clave del éxito es el crecimiento personal, ya que dejamos atrás las relaciones co-dependientes y desequilibradas de la jerarquía, para dirigir nuestra atención hacia adentro, superar nuestros miedos, descubrir nuestros talentos, y poner estos al servicio de la demanda social, no desde el individualismo y el egoísmo (que solo busca el beneficio propio), sino desde el auto-reconocimiento de nuestro propio valor individual que necesita ser expresado.

En otras palabras, en el futuro no vamos a querer jubilarnos porque nuestra pasión será nuestro trabajo. Nos ganaremos la vida y disfrutaremos de ella poniendo en práctica lo que mejor se nos da, aquellas cualidades que surgen de nuestros talentos.

¿Y qué pasa si no pienso en el bien común?
En un mundo jerárquico, si solo piensas en ti, tendrás tu propia pirámide. Serás tú quien acumula una buena parte de los recursos a tu disposición con el fin de distribuir lo justo a los que están debajo de ti, a cambio de lealtad.

Pero en un mundo en red, la pirámide es una estructura demasiado rígida y no permite la adaptación a un mercado en un mundo globalizado que está continuamente cambiando y fluctuando. Si pretendes ser egoísta, acumular recursos y destruir la naturaleza, llegará un momento en el que te quedarás solo, sin socios, sin proveedores y sin clientes. Y si resistes la clásica inercia de quedarte quieto y no hacer nada, no te quedará otra que gastar tu dinero en mantener un sistema (tu empresa) sobredimensionado y por tanto insostenible.

Mientras, aquellos que ponen el foco en el bien común, en lo que es bueno para los demás pero también para mí y para la sociedad en la que vivo, se verán compensados por su honestidad con más contratos y más asociaciones.

En una red, la cuarta dimensión es el tiempo; los nodos se conectan entre sí en función de la demanda. Traducido esto a la economía y las empresas: las asociaciones comerciales son puntuales y temporales, definidas únicamente por la demanda y con el único vínculo de la confianza. La oferta de colaboradores en un mundo en red es amplia, y la vinculación contractual cuando los servicios se externalizan es nula. Te llamarán y querrán trabajar contigo sólo si has demostrado tu ética y tu profesionalidad….

Y para ser ético y de fiar, tienes que haber superado tus miedos y condicionamientos, has de trabajar en base a tus talentos y dar lo mejor de ti… En otras palabras, no te queda otra que conocerte mejor. Por eso creo que esta Era es la del Ser.

¿Y qué pasa si no pienso en la naturaleza?
En un mundo jerárquico, no pasa nada si no piensas en la naturaleza. Alguien se tiene que aprovechar de las cosas, y más vale que seas tú el más espabilado… Pero ya sabemos que esto tiene un límite. Sólo una pequeña parte de la población puede aprovecharse de esta manera…

Se decía que un 20% de la población explota un 80% de los recursos, o acumula un 80% de la riqueza. Pero últimamente esta proporción ha basculado aún más, generando tremendas desigualdades sociales que están en la base de todas las revoluciones sociales que conocemos desde el 2008. Y es que la avaricia tiene un límite.

En un mundo globalizado hemos empezado a comprender la importancia que tiene el cuidado de la naturaleza para el bien común…, es decir, para los demás, para la sociedad en la que vivimos, y por tanto, también para nuestra felicidad y bienestar personal, que en definitiva depende por encima de todo de nuestra sensación de bienestar en la comunidad en la que vivimos. Si mi casa está limpia, bonita y cuidada, y la gente en ella vive en armonía, yo me sentiré feliz… Pues lo mismo con mi planeta.

Ya hemos hablado antes de lo importante que es mostrarte como una persona digna de confianza que piensa en el bien común. Pues como se puede deducir de esto, cuidar del medioambiente supone un plus importante en un mundo globalizado. Y por si fuera poco, desarrollar la sensibilidad para con la naturaleza también ayuda a que seas más sensible hacia los demás seres humanos, aumentando tu consciencia y tu autoconocimiento….

Pero ojo, no vale hacer como que cuidas la naturaleza. Hay que hacerlo de verdad, desde la coherencia, la ética y el sentir. Y es que en un mundo en red, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo…, y un error en los negocios y en tu proyección social puede desprestigiar y mucho tu marca personal.




Educar desde Ser

Unas compañeras mías han creado un programa para padres y profesores, para ayudarles a Educar desde Ser. La Educación actual está obsoleta, y en un mundo en red, creemos que los cambios los tenemos que aportar cada uno de nosotros, y ello empieza conociéndose y actuando desde el Ser.


Aquí os dejo el artículo sobre la presentación del programa que publicamos en Xàbia AL DIA:

Este programa, que se lanza para los padres y madres de Xàbia con el apoyo de las AMPAS de los centros escolares del municipio, pretende enseñar a los padres a actuar y educar desde el Ser, y desde allí, siendo ellos mismos, poder adaptarse a las necesidades únicas de sus propios hijos. No existe una fórmula única, ya que cada caso es diferente.
Como explicó la psicóloga Guiomar Ramírez-Montesinos, hemos cambiado de paradigma de organización social y de Era. Hemos pasado de un mundo organizado jerárquicamente a otro en red. En un mundo globalizado, las relaciones sociales y laborales exigen que cada individuo sea él mismo, sepa comunicar de manera positiva, ser auténtico y ofrezca sus talentos únicos al servicio del bien común.
La Educación de hoy ha de tener en cuenta las necesidades del mundo de mañana, pero una formación hecha para la época industrial de poco sirve ya. Los niños y jóvenes necesitan aprender ahora a potenciar sus talentos, a saber cómo comunicar y colaborar con los demás, a gestionar emociones y a solucionar problemas. El primer paso que hay que dar es Aprender a Ser.
Celia Martín confesó que fue el nacimiento de su hijo y los retos que le ha ido presentando lo que le ha embarcado en un camino de crecimiento personal. Así se ha podido dar cuenta de que no le valían los consejos de otros o ningún método concreto, y que lo mejor le funciona es ser ella misma para desde allí abordar el reto diario de la educación de su niño.
Celia habló de que se puede crecer de manera cuantitativa, que es lo habitual, o de manera cualitativa, mejorando como persona y aprendiendo cosas nuevas. La coach enumeró los  cuatro gados de crecimiento. La personas que están en la Inconsistencia y la Inmadurez, que son la mayoría, se limitan a reaccionar ante los hechos de la vida. No son dueños de su destino, sino que están siempre a expensas de lo que pasa a su alrededor. Los primeros tienden a echar las culpas fuera y quejarse de todo, a la vez que se sienten indiferentes, insatisfechos e inseguros. Los inmaduros hacen lo que creen que los otros quieren que hagan y tienen un punto de vista rígido sobre las cosas, sintiendo que han de ser obedientes y cumplir con lo que se espera de ellos.
Luego están los otros dos niveles. Las personas Consistentes sienten convicción y tienen confianza en sí mismo, así como un alto nivel de compromiso consigo mismo y su vida. Por último está la Misión. Las personas que llegan a este nivel son visionarias y sienten pasión y entrega por la labor que hacen a favor del bien común. A estos dos niveles sólo se puede acceder mediante el trabajo interior.
En otras palabras, para ayudar a nuestros hijos en su educación, primero hemos de aprender a actuar desde el ser, y no de manera automática, reaccionando a los estímulos externos de la vida.
Por último, Isabel Vila, de Ampliando Mapas, habló de la importancia de tomar perspectiva y de ampliar nuestra mirada. Los modelos en los que nos educaron están en parte caducos y somos analfabetos emocionales. Necesitamos ofrecer aprendizajes a nuestros hijos que contemplen áreas en las que no tenemos referencias claras. Hay muchas maneras de educar y ninguna es 100% buena o mala. Lo importante es descubrir cuál es la nuestra. Isabel propone hacerlo a través de preguntas adecuadas que nos lleven a  encontrar nuestras propias respuestas.

sábado, 23 de noviembre de 2013

La Era del Ser

Esta crisis que estamos viviendo es en realidad el final de una Era que ha durado algo más de 5.000 años y en la que la Humanidad ha aprendido el intercambio, tanto intelectual como material, a nivel global. La Era del Comercio está dando lugar ahora a la Era del Ser.

Esta crisis que estamos viviendo va mucho más allá de una crisis de la economía. Estamos viviendo un cambio de Era. El mundo está poniendo fin a más de 5.000 años de organización social jerárquica que han servido para que la conciencia colectiva de la Humanidad integre el comercio a escala global.

Cada 5 mil años cambiamos de Era. Hace algo más de diez mil años la Humanidad inició la revolución agrícola del Neolítico, gracias al empuje de la mujer. Dejamos un estilo de vida nómada para unirnos en una comunidad, agrupados en base al círculo. Nos reuníamos alrededor del fuego en disposición circular y cristalizamos círculos: inventamos la rueda y creamos monumentos monolíticos como Stonehendge. Desarrollamos gracias a esta Era un sentido de la Comunidad. El aprendizaje de la conciencia colectiva se produce en el área del sentir y se puede resumir con la frase, “yo pertenezco”.

Hace algo más de 5 mil años, gracias al empuje del hombre, dejamos las comunidades para aventurarnos a otras tierras y realizar trueques con otros pueblos. La organización social bidimensional anterior ya no era suficiente para sostener la complejidad social, y adoptamos una tercera dimensión para ordenarnos. Así, creamos las primeras ciudades, organizándonos de manera jerárquica, y empezamos a cristalizar pirámides. Esta Era ha sido patriarcal, caracterizada por la energía masculina (dividir, actuar y pensar) y ha servido a la Humanidad para transformar la materia y consolidar el comercio hasta alcanzar una escala global. El aprendizaje de la conciencia se produce en el área del pensar y se puede resumir en la frase, “yo intercambio”.

Como vemos, hay una serie de factores que definen la organización social de cada Era: las dimensiones de la organización social, la cristalización de figuras con esas dimensiones, la alternancia de una Era a otra entre energía femenina y masculina, y el área de la conciencia en la que se vive el aprendizaje colectivo intrínseco a cada Era.
Ahora hemos entrado en la Era del Ser. En un mundo globalizado la organización social es en red, una figura de cuatro dimensiones que cristalizamos a todos los niveles, en nuestras relaciones, internet, redes de distribución y transporte, etc. Esta Era se caracteriza otra vez por la energía femenina (unir, crear y sentir). Volvemos a un matriarcado, a una sociedad igualitaria, en la que lo importante son las relaciones entre las personas y la unión entre éstas. Para estar bien comunicado uno debe de ser coherente, y para esto es necesario conocerse a uno mismo y los talentos propios, que se ponen al servicio del bien común. El aprendizaje de esta Era se produce en el área de la voluntad, y se puede resumir con la frase, “Yo soy, yo puedo”.

Es la Era del individuo al servicio de la demanda. Una Era en la que las reglas del juego cambian radicalmente. El comercio ya no está basado en valores jerárquicos, por los que el foco está fuera siempre de uno mismo, los individuos no tienen valor como tal, sino como masa. El servicio en la Era anterior era hacia el jefe o aquel en la parte superior de la pirámide, que es quien acumula las riquezas para distribuir lo justo con el fin de cubrir las necesidades básicas  a los que están debajo y así asegurar su lealtad. Una Era en la que la oferta era impuesta a través del marketing para crear una demanda irreal, en la que la comunicación tenía un sentido vertical descendente y servía para dividir a las personas.

Ahora, en la Era en red, lo que importan son las personas y su individualidad. Profesionales independientes se unen en base a sus talentos para dar respuesta a una demanda social. La comunicación sirve para unir, las diferencias se valoran, y cada uno de nosotros tiene algo que aportar de nosotros mismos.
Para ser competitivos ahora tenemos que conocernos a nosotros mismos primeros, es decir, trabajo interior para luego abordar el trabajo exterior, ya que hemos de encontrar nuestro elemento, como dice Sir Ken Robinson, y dar lo mejor de nosotros mismos para el bien común. La coherencia interna, el empoderamiento personal y el autoliderazgo son las claves para ser competitivos en un mundo globalizado.
Hemos de desarrollar nuestros talentos, ponerlos al servicio del bien común, uniéndonos con otros para atender la demanda social. Por eso, uno de los primeros pasos a tomar puede ser realizar un proceso de coaching y desarrollar nuestra marca personal.




sábado, 17 de agosto de 2013

El mundo ha cambiado. Después de cinco mil años de jerarquías, ha comenzado la Era de la red y de la mujer

 "La visión de futuro es fundamental para que podamos encaminar nuestros esfuerzos y no sentirnos perdidos". 

Aproximadamente cada cinco mil años la Humanidad cambia la estructura de su organización social y sufre un cambio de paradigma. La crisis actual en realidad va mucho más allá de un cambio de ciclo económico. Es un cambio de Era, un cambio en la organización social de la Humanidad.

Comprender esta realidad y el nuevo mundo que implica nos ayuda a alinearnos con las tendencias futuras y adaptarnos mejor a la nueva realidad, tanto a nivel personal como en lo profesional. La Era de las jerarquías ha llegado a su fin, y en un mundo globalizado, las relaciones son en red, y son las mujeres que las lideran este cambio.

Desde mi teoría sobre “un mundo en red”, pretendo dar un marco de referencia que abarca los últimos 10.000 años de Historia de la Humanidad, y que explica cómo y por qué acabamos de entrar en una nueva Era, así como las cualidades y los valores de este interesantísimo período histórico de cuyo inicio somos testigos y protagonistas.
Aunque la mayoría no es plenamente consciente de ello y todavía muchos creen que el ideal es encontrar un trabajo para toda la vida, empleado por otro y sometido a una jerarquía en la que sus talentos nunca serán plenamente apreciados ni empleados, yo creo que la realidad es que la aparente precariedad laboral actual es la tendencia futura en un mundo en red en el que la mayoría  de las personas serán profesionales independientes que colaboren aportando sus talentos en varios proyectos a la vez.

Visto desde los valores de la jerarquía, donde la estabilidad y la pertenencia a un grupo ordenado de manera piramidal resultan crucial para la supervivencia, el no tener un trabajo fijo, ser autónomo sin una estructura empresarial, el tener que colaborar en varios proyectos a la vez o la movilidad por necesidad, por poner algunos ejemplos, son sinónimos de precariedad y lo más alejado de la meta final que es el éxito definido como trabajar poco para gana mucho.

Pero, desde el punto de vista de un mundo en red, cualquier empresa con estructura piramidales tan rígida queno puede adaptarse a un mundo globalizado, siempre cambiante, la falta de movilidad y flexibilidad la hacen muy poco competitiva, y para colmo, los talentos individuales se echan la mayoría a perder en las relaciones de sometimiento y dependencia típicos de una jerarquía.
Así pues, la visión de futuro es fundamental para que podamos encaminar nuestros esfuerzos y no sentirnos perdidos.
Como he dicho antes, la crisis actual es mucho más que una crisis, es un cambio de Era, y la última vez que la Humanidad vivió un momento como éste fue hace algo más de 5.000 años. Entonces, comenzó nuestra Historia con la llamada “Edad Antigua”, marcada por la creación de las primeras ciudades y de la escritura. Es por esto mismo que no podemos comprender correctamente esta crisis, y es que únicamente tenemos referencias escritas de este período, y de la anterior Era sólo podemos hacer suposiciones basadas en los restos arqueológicos.
Los 5.000 años anteriores pertenece a la prehistoria, y en concreto coincide con el Neolítico. Al principio de aquella Era, la Humanidad dejó un estilo de vida nómada para agruparse en poblados gracias a la agricultura, que fue impulsada por las mujeres. Se trataba de  una sociedad matriarcal e igualitaria que se reunía en círculo en torno al fuego, con poblados conformados por chabolas en disposición circular. En aquella época la Humanidad cristalizaba estas figuras bidimensionales por doquier. De hecho, se inventó la rueda y se construyeron por todo el mundo lugares sagrados circulares como Stonehenge.
Pero hace unos 5.000 años, gracias al aumento de la complejidad de las relaciones sociales debido al trueque y al comercio, impulsado por los hombres, empezaron a aparecer las primeras ciudades. La organización social pasó a ser jerárquica, ya que el círculo dejó de servir para ordenar este creciente grado de complejidad. Desde principios de esta Era, la Humanidad empezó a cristalizar estructuras piramidales, como las de Egipto, China o México. Se trata de un período definido por la energía masculina, cuya emoción característica es el miedo, y se define en su función de dividir, pensar y actuar, lo que nos ha servido para transformar la materia y crear el progreso material que permite a las sociedades actuales tener sus necesidades básicas satisfechas.
Pero ahora, desde hace un par de décadas, hemos empezado a cristalizar una figura de cuatro dimensiones: la red. Redes de transporte, de comunicación, de electricidad, de gas, de comercio,... La cuarta dimensión es el tiempo, lo que da un componente virtual y menos material a esta nueva Era, y se define en que los nodos se conectan entre sí en función de la demanda. En un mundo globalizado, en el que ya no tienen sentido las fronteras de la ciudad, la ordenación de la Humanidad requiere de una figura más compleja para organizarse

Volvemos otra vez a un período caracterizado por la energía femenina, cuya emoción básica es el amor, y se define en función de su inercia para unir, crear y sentir. Una Era que está siendo impulsada por las mujeres, desde las sufragistas que lucharon por el derecho a voto a aquellas que descubrieron su independencia económica trabajando en las fábricas tras la Segunda Guerra Mundial, quienes sembraron el camino para la liberación y la independencia de la mujer, que ahora se ve capaz de ser y vivir sin la dependencia del hombre y de la familia.
En cierto sentido, me gusta comparar este cambio de Era y esta crisis con el cambio de estado de la materia. Imagínate un cazo de agua sobre el fuego. Aumenta la entropía y poco a poco el agua pasa a ser gas. Pero entre medias hay caos. Hay agua, gas, burbujas que explotan y salpican e incluso gotas de agua que se pierden al salir disparadas fuera del recipiente. Entonces, ¿quieres ser una gota de agua o quieres ser gas?
Be gas my friend

La forma de funcionar en un paradigma piramidal es muy distinta a la de la red. Tener clara las diferencias nos da una ventaja adaptativa importante, a la vez que nos ayuda a reconocer lo que en verdad es ahora nuestra tendencia natural.
En una jerarquía hay uno que acumula la mayor parte de los recursos para distribuir una parte de ellos con el fin de satisfacer las necesidades básicas, y nada más, de aquellos que están por debajo, a cambio de fidelidad. Se trata de un sistema altamente dependiente, basado en el miedo, y en el que el individuo no vale nada, sino que se debe al colectivo.
En la pirámide, el jefe, rey o cacique de turno intenta dominar mediante el controlla opacidad y el divide y vencerás. Es un sistema rígido y dominante, donde se prima la obediencia y que fomenta el egoísmo. La misión es transformar la materia, pero al haber poca agilidad para adaptarse a los cambios por su estructura, se termina imponiendo esa producción, intentando convencer al consumidor que es necesaria.
En red sucede todo lo contrario. Lo más importante es la comunicación, el talento individual y la flexibilidad para adaptarse a la demanda social. El funcionamiento de la red se basa en aquellos valores que puede aportar la mujer porque son más afines a nosotras, como es la empatía, la colaboración, el compartir, la sostenibilidad,…. En un mundo en red, importa el individuo como ser único y especial, ya que cada uno de nosotros hemos de aprender a conocernos y reconocer nuestros talentos para ponerlos al servicio de los demás.

La red, merced a la cuarta dimensión que la constituye, no es todo material, sino que tiene un componente virtual. La red va más allá de la transformación de la materia y la economía que en ella se desarrolla está basada en el valor añadido, que no es más que el producto virtual de la mente: la cultura, el arte, la innovación, la investigación, etc.
Como mujeres, tenemos mucho que aportar para consolidar este cambio de Era. Como miembros de Womenalia y de otras asociaciones de mujeres, estamos a la vanguardia y liderando el amanecer de este nuevo mundo en red.

sábado, 3 de agosto de 2013

Un mundo en red, como nuestros primos los bonobos

Pareja de bonobos arropando a su bebé
Nuestros primos los chimpancés y los bonobos se parecen a nosotros en un 98% de su genoma, pero entre ellos existen a su vez unas diferencias culturales notables, condicionadas por el ambiente y mantenidas por su cultura, que también podemos observar en nosotros. Los chimpancés son agresivos y tecnológicos, mientras que los bonobos son cooperantes, incluso con otros clanes, pacíficos y crean relaciones y vínculos fuertes entre miembros adultos, juveniles, machos y hembras.

Investigaciones científicas indican que ambos se diferenciaron como especie hace unos 1,5 a 2 millones de años, cuando se formo el río Congo. Los bonobos se quedaron en el lado en el que había más vegetación y por tanto, había más disponibilidad de comida. Esto permitió que las hembras, que requieren más alimento para cuidar de las crías, creasen coaliciones.
La dinámica social que surge de las hembras, como ocurre en las sociedades de bonobos, es la de mantener una buenas relaciones con los demás miembros, y es que a las hembras les interesa no sólo la supervivencia de sus descendientes, sino también de los hijos de los hijos. Si la red social es amplia, ésta garantiza la supervivencia de su linaje aunque el individuo ya no esté.
Al contrario, en las sociedades de chimpancés, más centradas en la caza y por tanto carnívoras, el foco está en reproducirse individualmente, lo que lleva a grupos más agresivos y competitivos.
Las jerarquías en las sociedades de chimpancés, que están formadas por coaliciones de machos, son rígidas y verticales, mientras que en los bonobos son fluidas y cambiantes. El sexo se usa de diferente manera entre ambos primates: sólo para la reproducción en el caso de los chimpancés y como catalizador de relaciones sociales en los bonobos. Los bonobos juegan en todas las etapas de la vida, mientras que sus primos sólo cuando son pequeños. Y los chimpancés son tremendamente xenófobos, mientras que por el contrario, los bonobos se llevan bien incluso con otros clanes.

Estas dos dinámicas se parecen mucho a las que manifiesta la Humanidad en cada Era. Los 5 mil años del neolítico comenzaron y se caracterizaron por la coalición entre las mujeres, quienes hicieron posible la agricultura y por tanto la abundancia de alimento. Al igual que sucede con los bonobos, esta situación permitió que las mujeres impusieran una cultura de la tolerancia, que luego ellas a su vez se encargaron de mantener.
Pero luego la organización social de la Humanidad se hizo más compleja, y empezamos a ordenarnos de manera jerárquica cuando creamos las primeras ciudades. Es un movimiento, esta vez del hombre, a través del trueque y el comercio de sal y metales primero, lo que lleva a la Humanidad a necesitar más de lo que tiene y por tanto a defenderse de quién se lo quiere quitar, y así a crear jerarquías. Empezamos a actuar como nuestros primos los chimpancés.
De esta manera ha existido la Humanidad, en un patriarcado, durante los últimos 5 mil años, hasta que en el último siglo, pero en especial desde la década de los ’50, empieza a producirse otra vez una transición, esta vez entre la predominancia masculina vuelta al matriarcado.

Gracias a la abundancia de alimento, posible mediante los métodos de explotación agrícola que existen desde hace poco más de 60 años, sumado a la revaloración de la agricultura local, y gracias a la abundancia de bienes de consumo que ha traído la tecnología y extendido a todos los estratos sociales la entrada al mercado laboral de la mujer, cambiamos una vez más la manera en la que la sociedad se organiza.
De una organización en círculo en el neolítico, a una organización jerárquica durante la Era de nuestra Historia (escrita), pasamos ahora a una organización tetradimensional. En un mundo globalizado las ciudades no son fronteras y la organización social es en red.

¿Qué relación hay entre una sociedad en al que la tecnología está socializada y la emergencia de la mujer? Fijémonos en una sociedad del mundo en desarrollo –antes conocido como “tercer mundo”. Son patriarcales y la jerarquía está muy marcada incluso en las familias. La mujer no está liberada, sino que su existencia se limita a servir al marido y reproducir hijos. Estas sociedades se caracterizan por altos niveles de pobreza y un número importante de descendientes por familia.
Cuando una sociedad se desarrolla, la mujer se independiza y entra en el mercado laborar, o mejor dicho, son las sociedades en las que la mujer se independiza, las que prosperan económicamente. ¿Por qué? Porque ellas son más racionales y sostenibles con la gestión de los recursos que los hombres, porque con su independencia se convierten en agentes de cambio de la sociedad, aportando sus valores sociales, porque al salir del papel de mera reproductora-servidora y al tener menos prole, se invierte la pirámide demográfica, envejece la población, lo que a su vez contribuye a una sociedad más madura emocionalmente, menos impulsiva en sus actuaciones, y que tiene más tiempo para desarrollarse interiormente.


Volvemos al matriarcado y a una sociedad que se parece más a la de los bonobos. Curiosamente, hasta hace muy poco, no se supo que chimpancés y bonobos eran dos especies diferentes a causa de sus similitudes físicas. De hecho, solo recientemente se ha empezado a estudiar a nuestros primos más pacíficos.

En la comparación entre chimpancés y bonobos podemos ver de qué manera evoluciona nuestra sociedad según los recursos. Y en una reflexión más profunda, podemos observar que en cada cambio de Era, cada 5 mil años, la Humanidad socializa y distribuye un tipo de necesidad: primero el alimento, después los objetos, y en un mundo en red, el conocimiento; todo esto en un movimiento cíclico de creación, en las Eras femeninas, y transformación en las masculinas.

Os dejo a continuación el episodio del programa Redes que ha motivado mi reflexión sobre la comparación de entre el cambio de Era de la Humanidad y las sociedades de nuestros primos evolutivos.


martes, 2 de julio de 2013

La importancia de tomar un café

En un mundo en red lo más importante es la buena comunicación entre las personas, la comunicación positiva, que es como me gusta más llamar a la comunicación no violenta.

La comunicación violenta es aquella que divide a las personas. Así por ejemplo, es comunicación no violenta no hablar, por ejemplo, por enfado, con alguien, porque esto hace que las relaciones se enfríen y se separen. Y también es comunicación violenta hablar de forma pretenciosa, criticar, gritar, hablar de otros, no decir la verdad, etc.

En un mundo en red debemos cultivar la comunicación que une a las personas. Nuestra sociedad mediterránea sabe mucho de esto. Somos muy comunicadores, y aprovechamos para ellos los espacios públicos, como los bares o la plaza del pueblo.
Pero la comunicación positiva debe también incluir un tono de voz moderado y un contenido con sentido, y no es suficiente con pegar voces en un bar, que si bien puede darnos un sentido de pertenencia al grupo, el alboroto sin embargo produce el efecto de alienarnos de nosotros mismos. Y la primera comunicación positiva ha de darse con uno mismo, debe ser el diálogo interior, y esto sólo ocurre en espacios no ruidosos y armónicos. En un mundo en red, hemos de ser coherentes y estar conectados con nosotros mismos y nuestros talentos.

Al final de la Era piramidal, que ahora vemos como un período lleno de exageraciones absurdas, aquellos que querían “vender la moto” citaban a sus potenciales clientes en un restaurante caro, y sobre sabrosas langostas y buen vino se han cerrado muchos pactos poco claros y aprovechados.

Es verdad que el modelo de slow city, muy en sintonía con el mundo en red, habla de las bondades de la buena mesa y de las largas conversaciones compartidas, y esto es definitivamente una situación que favorece la comunicación positiva.
Pero las diferencias entre estos dos escenarios están en la estridencia y la fastuosidad del primero, en oposición a la sostenibilidad y tranquilidad del segundo. Y sobre todo, en que en el primero el “vendedor” aprovecha la saturación de los sentidos y la anestesia mental producida por un opíparo ágape regado con abundantes cantidades de alcohol como muletillas que suplen una falta de poder personal para convencer de algo cuyo fin es de dudosa moral.
De todas formas, el formato comida o cena es demasiado largo para un mundo en red, y además es demasiado costoso. Hay que relacionarse, pero no ir por ahí de comidas, y menos invitando a la gente a almorzar o comer. Eso no es relacionarse en red, sino ir de “jefe moro”. Y lo de “això ho pague jo” la verdad es que es muy piramidal.

En red hay que ser uno mismo, ser coherente y comunicar de manera positiva con los demás, pero también hay que ser rápido, breve y diverso. Así pues, aquel que mantenga relaciones variadas y en las que uno no se va por las ramas, sino que es capaz de concretar y comunicar lo justo y necesario para ir al grano, es quien tendrá mayor ventaja adaptativa en un mundo en red.
Se dice que una presentación debe durar lo que un viaje en ascensor, pero se me antoja un tanto frío este espacio, además de que resulta difícil mantener en un cubículo de poco más de un metro cuadrado un lenguaje no verbal positivo y abierto (podría ser mal interpretado), sincero e interesado en la conversación del otro.
Por eso creo que el formato ideal para las relaciones y la buena comunicación entre las personas es el café. En un espacio entre 10 y 30 minutos tienes la oportunidad de compartir información con una o varias personas e incluso conocer a gente nueva, y es que el café es un “sistema abierto” a que entre gente nueva y se siente en la mesa (a diferencia de cuando se comparten comidas). Como es tan poco tiempo, no te puedes ir por las ramas y perder el tiempo con anécdotas triviales. Pero además, lo más curioso, es que en las interacciones breves con los demás somos más auténticos, más nosotros mismos, y nuestra intuición está más activa. Mientras que cuanto más tiempo dura un encuentro, más probabilidades tenemos de proyectar sobre el otro, de que se activen nuestras defensas y de que nos acomodemos al otro.
Y por cierto, no vale tomarse ese café en la oficina. Hay que salir fuera. En el lugar de trabajo uno tiene muchos patrones viciados y no puede desconectar. Tomar un café en un bar puede despejarte y abrirte la mente, puede hacerte creativo, te permite relacionarte con otros, tener encuentros inesperados y sacar lo mejor de ti.

¿Nos hacemos un café?